Pablo era apodado, “el Martínez Soria” por sus interpretaciones de carácter rural en su vida. Él, que todavía se consideraba un hombre de sexualidad activa decidió lanzarse, cual tiburón y otras especies depredadoras, al ritual del amor furtivo.
Fue rápida su decisión en el canal a utilizar para conocer a ese amor anhelado, y también lo fue la manera de seleccionar a su potencial amada. No sería la belleza u otras cualidades ocultas, sino que su número de teléfono tuviese la misma terminación que el suyo, el 69. La decisión estaba tomada, ya sabía quién era ella. Ella estaba convencida en su contestación para quedar, aunque en la decisión tomada no supiera quien era realmente él.
Tras un corto cruce de mensajes, la cita se concertó a las 8, en el bar junto a la iglesia, tras la salida de misa. No querían que fuesen vistos por lugares muy concurridos. Pablo le dijo a la joven que le reconocería por llevar un traje de pana negro, aunque fuese 6 de agosto, y un botijo en la mano derecha, y le recalco que, si el botijo estaba en la mano izquierda, entonces no era él.
Ella tras leer el mensaje de él, decidió también ir camuflada, y le dijo que la reconocería porque vería a una mujer que se había liado la manta a la cabeza, aunque en realidad llevaría la manta liada a todo el cuerpo con el fin de sorprenderle en este ritual casi satánico, en el que ambos se habían embarcado.
Los nervios le traicionaron a él, y se presentó con una hora de alteración, llegando al lugar de la cita con tal alegría que parecía un pastor silbando un telegrama y convencido como un tragasables hindú. Durante la hora de espera los nervios le hacían parecer un mulo atado a la cancela del bar. Todo ese tiempo lo empleo en recordar los libros y frases que había repasado para poder salir airoso de la cita. Entre los libros seleccionados estaban uno del Marque de Sade (para entrar en calor), “El arte de amar” de Ovidio (que le sonaba de algo el nombre del autor, y no sabía de qué), y “La Dama Boba” de Lope de Vega (libro que nunca entendió).
El tiempo que él empleo en la espera que llegase ella con su fogosa frescura, ella lo empleo inicialmente en rezar para que a este no lo tuviese que facturar como a su última cita de Tinder, que le tuvo que dejar cuando le dijo, “que era un regalo para la vista”, siendo él, bizco. Su ilusión en esta nueva aventura estaba puesta en recibir frases bonitas de amor de las que ella leía a diario. Frases como, “Tengo hambre de tu boca”, “Estoy hambriento de tu risa”, “Quiero comer tu piel como una intacta almendra”. Esta ilusión la hizo acercarse al “kilómetro cero” del nuevo amor, con la vista perdida. Vista que recupero al ver a lo lejos un punto negro que se movía como un animal en celo.
Pablo que la vio venir de lejos, no podía creer que en plena feria alguien fuese vestida de “Metaverso”, y en un movimiento olímpico decidió pasar de estar más nervioso que el fontanero del Titanic a cambiarse el botijo a la mano izquierda. La confusión que Pablo tenia, la utilizo ella para hacerle un “ERTE” y ponerse la capa de invisibilidad de Harry Potter, y así poder evitar al amante furtivo.
P.D. Llegado a este punto, el nombre de ella ¡IGUAL DA!, son cosas de la “Feria de la vida”.
Ramón Prous Zaragoza
(Articulo publicado en la revista de la feria y fiestas de Villacañas, peña @lachamberga 2022)

