Amanece. Otro día con otra historia por escribir. Una vez leí, “el corazón no solo es la sede de los sentimientos, y del mundo emocional, sino también la sede de la inteligencia”. Por eso, estas palabras las voy a escribir desde el corazón.
A menudo hablamos mucho de palabras tales como adversidad, resiliencia, empatía, optimismo, etc., pero con el tiempo uno se da cuenta que de poco sirven si no van acompañadas de la maravillosa palabra “ACTITUD”, y si además están aderezadas de humor, el resultando es fantástico.
Han pasado ya 3 semanas que finalice mi decimoquinta vez en el Camino de Santiago. Esta vez inicie un nuevo camino desconocido para mí, y que lo llame “De Catedral a Catedral” (un tramo del camino norte que va desde Mondoñedo- Lugo, a Santiago de Compostela). Un camino nuevo, singular, donde uno no se camufla en lo colectivo.
El destino y la casualidad me llevaron a conocer a Fabiana (argentina de nacimiento, pero la mayor parte de su vida lleva en Nueva Zelanda), y a Manuel (de San Fernando – Cádiz). Dos personas con las que tuve el privilegio de hacer estos días de camino, y que si algo los define es su actitud, y buen humor, todo un privilegio para mí. 

Ella, con más de 800 kilómetros andando sola en su primer camino, él con varios caminos ya a sus 73 años y un peso en la mochila en los primeros días, que llevaba de manera admirable. Dos grandes personas con “denominación de origen”, y calidad humana. No tardamos en llegar a ese momento de confianza, donde el corazón cuenta las impurezas de nuestras historias de vida, en empatizar y abrirnos a nuestras experiencias de vida. El, con amplias experiencias personales, profesionales, empresariales, políticas, etc. todo un ejemplo de lucha y resiliencia, y con un envidiable sentido del humor gaditano, y que nos regalo frases como, “la venganza es un lujo que no se puede tener a mi edad”, razones no le faltaban, y nos avaló su teoría al enseñarnos su pastillero, que resulto ser el huevo donde vienen los regalos de los “kínder sorpresa” (aquí las sorpresas eran las pastillas). Ella, también admirable mujer luchadora, que dio un giro a su vida a los 24 años al irse al otro extremo del mundo, para iniciar una nueva vida. Como él, también nos regalo frases magnificas, “el sentido de la vida es recolectar historias para contar, no cosas para mostrar” (una muy buena máxima de filosofía de vida). También nos regaló anécdotas que nos hicieron reír, como cuando nos contó, que, al llegar a Nueva Zelanda, aprendió más ingles viendo “Barrio Sésamo”, que de otra manera (yo no me imagino aprendiendo idiomas con Epi y Blas de profesores). Pero si algo me demostraron los dos, es que son unos buenos y maravillosos padres.
Hablo de actitud con C, no solo por el camino que hemos compartido, sino por la máxima expresión de dicha palabra, que ellos han tenido que aplicar a las adversidades que les ha puesto la vida, y en especial a una que comparten los dos y que atañe a una enfermedad de las personas que mas quiere uno en la vida, los hijos. Ambos han pasado o están pasando por esa situación que con su actitud los hace, para mí, admirables y los engrandece aún más.
En el camino nunca los vi desfallecer, no pudo con ellos los kilómetros, la lluvia, el barro, siempre estaban con actitud positiva y un propósito definido, alimentado por la meta a conseguir y por un humor que anulaba el cansancio. Con su actitud como valor esencial de la vida, me han enseñado, que sobre los peligros del mundo y la vida hay que dar un salto, que las actitudes ante las adversidades te alargan la vida, que, si tu quieres, no existen momentos de vacío en la vida. Y, sobre todo, a disfrutar de lo bueno que dan las personas que no tienen soberbia intelectual o experiencial.

Manuel con su capacidad de despertar entusiasmo entre las personas, te enseña que la adversidad es una gran maestra, que nos saca del confort y la rutina, nos espabila, pero también nos protege de la vanidad y la autocomplacencia. Y ambos me han enseñado, que la vida puede ser tan fácil como nosotros queramos situarla en cada circunstancia, y tan difícil como la sintamos en cada momento, y que, siempre será más fácil si nuestra energía se encamina a superar las dificultades y no a agrandarlas.
Dos amigos que me han demostrado ser personas positivas, que destacan por su disposición a la alegría, y por su permanente motivación y capacidad para crear un buen clima y un ambiente distendido y positivo. Que han aprendido a vivir de manera positiva porque han sabido interpretar lo que les ha ocurrido, y optar por la fuerza del optimismo. Que cuentan con esa actitud que todos podemos desarrollar, “el optimismo”. Porque con la actitud con la que vivimos nuestra vida determinará el éxito o fracaso de nuestras acciones. A veces el optimismo es solo el empeño de sostener que todo es magnifico cuando todo es pésimo.
Solo me queda por decir de estos nuevos amigos, que son personas optimistas que contagian positividad y transmiten su fuerza y esperanza. Demostrando que a veces la esperanza aparece espontáneamente, y agradecerle a Manuel que sea un hombre sabio, justo y generoso, y a Fabiana decirle, que muchas veces sólo se aprende y progresa transitando por nuevos caminos y olvidando viejas sendas.
Estoy convencido que han vuelto a sus casas, no solo con la compostelana, sino también con el “pasaporte a la felicidad” bien sellado.
Y termino como empecé. Una vez leí, “….., cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Eso significa que vives ”.
«De Catedral a Catedral» …….. con C de actitud

