“Vieja se hace la ropa, no la gente con ganas de vivir”.

¿Qué quieres ser de mayor? …. nos preguntaban en la escuela. Y ahora que somos mayores se nos presenta una situación que nos impide poder responder. Sabemos adaptarnos a los cambios, algunos nos hemos adaptado a un mundo disruptivo y tenemos claro que el aprendizaje tiene que ser constante y con visión. Además, los que no somos jóvenes, por edad, tenemos la “incertidumbre” como medida de un futuro que se nos presenta confuso, por estar estigmatizados por dicha edad en el mercado laboral. Es esa incertidumbre la que nos permite abrazar lo nuevo (que es para todos), como la verdadera manera de atravesar el ciego futuro coyuntural. Ya no basta con convertir tu pasión en profesión, ahora hay que “Metamorfosear” nuestra pasión, adaptarla a los tiempos convulsos que vivimos.

Si algo hemos aprendido es, que el caos es siempre una puerta abierta, una oportunidad que promueve el desarrollo, si se sabe aprovechar. La edad nos ha hecho pasar de ser solo optimistas, a ser optimistas-realistas, utilizando para pulir la banalidad de algunas ilusiones, la experiencia de los años y el haber autoevaluado un sinfín de errores, para aprender de ellos. Es esa experiencia la que nos ha enseñado que nadie es imprescindible, pero también que nadie sobra.

A esta edad ya no se muere de éxito, porque las virtudes más evidentes no se vuelven en contra de uno. Sabemos que un aparente fracaso momentáneo puede ser el camino para lograr un triunfo permanente. Esto lo hemos aprendido de los deportistas de elite. Además, los años nos han enseñado que aparte de los conocimientos técnicos, no son de menor importante, incluso mayor, los conocimientos humanísticos, porque un alma despierta nunca tiene una vida cansada. Es ese toque humano, claro y directo que le damos a nuestro trabajo lo que aporta la felicidad imprescindible para hacer bien las cosas. Son los años los que nos han enseñado que la vida, como los cuentos, se forma de pequeños hechos que se expanden y desarrollan, no de grandes hechos que se contraen, empequeñecen y se comprimen. Por eso hemos aprendido también, que a veces el silencio es una vía de comunicación.

Steve Jobs dijo; “Tengan el valor de seguir su corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario”

Y yo añado, que para muchas cosas más de 50 años son mucho menos de medio siglo. Por eso no debemos olvidar el refranero español; “Si no heredas de tu abuela, ponte el mono y currela”.

Ramón Prous Zaragoza

 

+ 50…… ¡NO TE DETENGAS!