La distancia entre los labios era casi infinita, pero no lo parecía cuando se contemplaban los ojos, ni cuando se acariciaban tecleando el teléfono.
No era un océano lo que parecía separarlos, sino un rio de lágrimas, unas veces de risa, otras de pena por la distancia.

Apenas se conocían, pero se imaginaban.
Largas tardes se miraban y hablaban, pero no se escuchaban.
Ilusión no les faltaba, aun sabiendo que esos labios tenían difícil sonreír unos frente a otros.
Cuentan que sonreía hasta con los labios cerrados.
Incluso de espaldas se apreciaba su sonrisa.
Amigos no le faltaban, ni aun en los peores momentos de duelo por los sinsabores que le acababa de dar la vida.
SIMPLEMENTE ERA ELLA.
Ramón Prous Zaragoza
Abril 2020
(Dedicado a una Amiga Virtual que me incito a que le Escribiese algo)

